Cuico culiao





Las veces que me han pagado por orgias he podido ir descubriendo cosas que me gusta hacer cuando el sexo es con más de 3 personas a la vez. Mirar me calienta mucho. Dejar de estar involucrado un momento en el juego físico, pero disfrutarlo en primeros planos sin tocar o desde algún ángulo de la habitación ha sido un descubrimiento en esas orgias pagadas. Me gusta el sexo grupal cuando se puede a ratos prescindir del tacto. He estado en orgias donde me han prohibido estar mucho rato solo mirando, sin embargo, la cantidad de gente siempre es suficiente para mirar a otros aunque me estén follando entre 2.

Una de las orgias que más me gustó fue con un grupito de “zorrones”. Eran 8 chicos del barrio alto de Santiago. Fue una noche que andaba con mi colega partner de esos días. Estábamos en un ciber del barrio Bellas Artes y nos ofrecimos en pack en el chat gay. El dueño de la casa donde sería “el encuentro” nos recogió en su auto y en 15 minutos ya estábamos desnudos en un amplio dormitorio con 8 “zorrones” diciéndonos cómo ponernos, por dónde ocuparnos. Les gustaba en particular que fuésemos 2 putitos morenos, diminutos y femeninos. A nosotros nos gustaba aún más saber que debíamos follar con todos ellos y la cantidad de dinero que nos ofrecían por quedarnos toda la noche. El dormitorio tenía una cama de 2 plazas y 3 sillones. La alfombra era peludita y la calefacción era perfecta para mantenerse sin ropa tantas horas mientras afuera llovía. Los 2 teníamos que estar en medio del grupo. Durante un rato estuvieron sentados en círculo en la alfombra y nosotros en medio debíamos chupar sus pichulas blancas. En un momento nos quedamos los 2 chupando una en común y nos quedamos más del rato correspondiente en esa acción. Uno del grupo se molestó y nos reclamó, interrumpiendo un instante que si bien solo 1 disfrutaba materialmente, el resto se veía muy complacido observándolo. El “zorrón”  enojado se puso de pie. Nos agarró del pelo y nos escupió en la cara, que si nos estaban pagando debíamos preocuparnos del disfrute de los 8 por igual y no del nuestro. Yo quería seguir follando con todos y recibir la plata que se suponía, no me interesaba discutirle ni defenderme. Los 2 estuvimos tácitamente de acuerdo en dejarnos someter y hacerles creer que esto solo se trataba de complacerlos a ellos. “Métanmelo ahora ya entre los 2 pa que se me quite el enojo”. El resto se puso de pie y se nos acercaron todas las pichulas a nuestro alrededor mientras intentábamos acomodarnos en su culo. Fuimos cuidadosos con la equidad y nos dejamos “mandonear” hasta que amaneció y se cumplió el tiempo pagado.

Cuando nos fuimos al metro, nos pusimos a conversar sobre la orgía. Ambos habíamos trabajado en locales de comida rápida en el barrio alto y coincidíamos en que siempre va a existir el “cuico culiao” de cliente que pide su “combo” sin nada de paciencia. Follar por plata es mucho más entretenido que vender papas fritas y hamburguesas, así que no nos costó nada obviar esa típica impotencia de ciertos clientes. Nos pareció hasta sexy habernos sometido. Sabemos cuáles son los límites, pero el “cuico culiao” como cliente siempre puede aparecer. Nosotros sabremos si conviene o no dejarse pisar un ratito.



"Diario de un Puto" The Clinic 2015

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